El oro ilegal tiene un precio que no aparece en ninguna balanza: lo pagamos con nuestros bosques, nuestra salud y nuestro futuro. Las juventudes del Perú alzamos la voz para denunciar una realidad que no podemos normalizar y para exigir decisiones responsables que protejan la vida y nuestro territorio.
El precio oculto del oro ilegal es la deforestación que destruye la Amazonía y pone en riesgo especies únicas del mundo. También es la contaminación de ríos y peces con mercurio, afectando la salud de comunidades amazónicas que hoy viven una emergencia silenciosa. El oro no puede costarnos bosques sanos, especies, ni comunidades protegidas.
Lo que ocurre en la Amazonía no queda en la Amazonía. La devastación en un rincón del bosque se siente en todo el país y en todo el planeta: altera el clima, incrementa eventos extremos, reduce la disponibilidad de agua y afecta directamente la seguridad alimentaria. Sin bosques, se pierde también la base natural que sostiene nuestra agricultura y la gastronomía que tanto enorgullece al Perú. Cuidar la Amazonía es cuidar nuestra mesa, nuestro aire y nuestro clima.
Sin bosques, perdemos el aire limpio que respiramos y las oportunidades que soñamos construir. La minería ilegal nos roba salud, bienestar y futuro. Y aunque reconocemos que en muchos casos hay personas recurren a esta actividad por necesidad económica, la respuesta del Estado no puede ser ampliar la impunidad.
Además, el avance de la minería ilegal está generando condiciones que obligan a jóvenes indígenas a migrar fuera de sus territorios en busca de oportunidades seguras y dignas. Esta realidad los expone a riesgos graves, incluida la captación por redes criminales. Por ejemplo, en comunidades Awajún se han registrado casos de trata de adolescentes, un delito que se agrava en contextos donde el Estado retrocede y la ilegalidad avanza. La defensa de la Amazonía es también la defensa de la vida, la protección y los derechos de sus juventudes.
La ampliación del REINFO solo agrava el problema: reincorpora a miles de operadores que no cumplieron los requisitos mínimos, debilita la lucha contra la minería ilegal y premia la informalidad. Exigimos que el Gobierno y el Congreso no sigan extendiendo beneficios que profundizan la destrucción del territorio, el trabajo infantll, la trata de personas y otros delitos, en su lugar impulsen alternativas económicas sostenibles y responsables para las familias que hoy dependen de esta actividad por necesidad, no por elección.
Proteger la Amazonía requiere decisiones valientes:
– Mayor presupuesto para la protección de bosques y ríos.
– Una cadena del oro transparente y responsable, con trazabilidad real.
– Cumplir con la reducción y eliminación del uso del mercurio en el marco del convenio de Minamata.
– Políticas que ofrezcan trabajo digno y sostenible a quienes hoy no tienen más opción que arriesgar su salud y el ambiente.
Las juventudes elegimos la vida, la justicia ambiental y un futuro donde la Amazonía siga siendo hogar de biodiversidad y oportunidades. Queremos ser parte de la solución y pedimos al Estado que esté a la altura del reto.
Hablamos por el ambiente, por las comunidades y por el país que queremos construir.
El futuro no se negocia: lo defendemos hoy.
Para adherirse a este pronunciamiento, completa tus datos en este formulario: https://forms.gle/C5dnAwzKQCGSQ3uQ6
De lo expuesto, suscribimos el presente pronunciamiento las siguientes organizaciones así como las siguientes personas naturales:
- Sociedad Zoológica de Frankfurt – FZS Perú
- Generación Verde Madre de Dios
- Juventud Awajún
